Alberto Korda, fotografo in Cuba

” Hay un libro de un francés, llamado Antoine de Saint Exupery, El pequeno Principe, en el quel un personaje le dice a otro: solo se ve con el corazon..lo esencial es invisible a los ojos.

Y eso, precisamente, es hacer Fotografia”.

“C’é un libro di un francese, Antoine de Saint Exupery, “Il Piccolo Principe”, nel quale un personaggio dice ad un altro: si vede solo con il cuore..(perché) l’essenziale é invisibile agli occhi.

E questo, esattamente, é fare Fotografia”

Sono stata a Cuba, in un mediamente lungo viaggio “misto” di svago e lavoro nel 2002.All’Avana, dove mi sono fermata per tre quarti del soggiorno, abitavo al Vedado,  nella “Casa particular” di Anna, affittacamere assai imprenditiva,  sposata ad uno spagnolo e dunque dotata del prezioso documento per espatriare.

Il ricordo di quelle colazioni ricche di meravigliose insalate di frutta (ya te la pelai) attorno ad un grande tavolo collettivo, con un dentista di Bermuda (una spia yankee?) due pallide studentesse di Anversa, un paio di italiani “padani” con fidanzate cubane dalle chilometriche cosce, rischiara ancora qualche grigio momento domestico…

Mi piaceva andare lungo il Malecon,  passare sotto l’onda alta del Mar dei Caraibi con la piccola macchina “particular” (un noleggio totalmente illegale secondo le regole cubane, ma come ilragazzo che dell’auto si dichiarava   “gestore”,  facevo finta di credere che tutto fosse okkei)

Era il primo paese povero ma “colto” che visitavo: ho fatto poche cose da turista, tranne passarmi uno ad uno tutti i bar più belli della città…Per lo più trascorrevo le mattinate in incontri di lavoro “ufficiali” con funzionari pubblici convintamente castristi, parlando di socialismo, fumando e bevendo mojitos…

E le notti a “las fiestas”  della famiglia e degli amici di Pedro, la “guida” che assisteva i nostri clienti all’Avana (con un collega consulente del turismo, sposato con una ragazza cubana, avevamo messo su un micro tour operator molto “esclusivo” nella scelta di servizi e percorsi e dunque poco redditizio come business….)

Cuba é la pazienza della gente che fa la fila aspettando la guagua, il bus, la musica che esce a tutte le ore da ogni bar, café, ristorantino, la furbizia di chi passa le giornate in strada a cercare turisti a cui offrire servizi vari (compagnia e “sentimento” inclusi) ma anche il paese dove istruzione e sanità sono garantiti a tutti e non é luogo comune di “vetero sinistra” sottolinearlo, in zona “latinoamerica”

Cuba é, mediamente, un paese dove la gente,  patendo, desiderando piena libertà di espressione, maggiore benessere, merci da acquistare, occhiali sandali e abiti occidentali, telefoni cellulari e magari  “una computadora sofisticatissima”, vive mantenendo quel tratto umano che noi abbiamo seppellito in terra sconsacrata.

Bisogna guardarla con il cuore, perché la sua essenzialità (buona e cattiva come sempre nella vita) risulta invisibile agli occhi.

Alberto Korda la guardava così, attraverso il fumo delle sue sigarette e il bicchiere di Vat 69: lo sguardo di un uomo del Novecento…che é, tambien, il mio secolo…

E’ morto come era nato, Alberto Korda, non povero…semplicemente “cubano”

La sua storia di uomo e di fotografo é tratteggiata in questa bell’intervista che mi é parso sacrilego non riportare in lingua originale!

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Korda y el lema de su vida: lo esencial es invisible para los ojos

di Esso Alvarez (Prensa Latina)

“Conocí a Korda, Alberto Díaz Gutiérrez (1928-2001), en el año 97, durante la VI Bienal de La Habana. El año pasado (2001, ndr) nos vimos en marzo en el “Encuentro

Hablamos de dos asuntos esenciales para ambos: las mujeres y el proceso creativo en la fotografía. Quedamos en continuar la conversación en su casa, al otro lado de la bahía habanera, el día 10 del mismo mes a las cinco en punto de la tarde, ni un minuto antes.

Debía ser puntual, porque la puerta de su morada siempre estaba de par en par, quizá por su pasión a la luz natural o al constante peregrinar de gentes de diversas nacionalidades y sonoridades que irrumpían a cada instante en su residencia. Después de recorrer las calles de La Habana, llegué a la hora indicada. En el umbral de su hogar se despedían unos periodistas europeos y Norka, su ex esposa, ex modelo, y aún hermosa rubia, que a finales de los 50 era codiciada por las casas de modas del viejo continente.

Con su humor autóctono Korda dijo, de entrada, en nuestro cuarto y último encuentro, que la entrevista costaría quinientas fulas (500 dólares americanos). Mientras, él, uno de los fotógrafos emblemáticos del proceso revolucionario cubano, degustaba de su infaltable elixir etílico y nos invitó a compartir con sus recuerdos medianamente ordenados en una atmósfera con olor y sabor a tabaco: botellas vacías de Vat 69, las memorias amarillentas atesoradas en los recortes de prensa y las imágenes de las transformaciones fisonomías de Cuba en los últimos 50 anos.

Percibí un hombre locuaz, atento a rememorar con dulzura y sin rencor, a veces con nostalgia, su pasado épico a través de sus monólogos interminables.

Korda colaboró en el capitalismo con Guillermo Cabrera Infante, su actual detractor, en la revista semanal Carteles y con Lisandro Otero en Gente. Durante los primeros años del socialismo el autor de “Tres Tristes Tigres” dirigió “Lunes”, suplemento literario encartado los sábados en el periódico “Revolución”, en el cual Korda compartió sus inquietudes fotográficas e intelectuales con Jesse Fernández y Mario Gracia Joya (Mayito). Ninguno de ellos era fotógrafo de planta del diario.

El 5 de marzo de 1960 se le asignó a Korda inmortalizar las sombras de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, durante el entierro de las víctimas del sabotaje del vapor La Coubre, ocurrido el día antes en el puerto de La Habana. La tribuna principal estaba ubicada en la calle 12 y 23 del Vedado, a pocos metros del Cementerio Colon, y es ahí donde el hizo “por casualidad”, como lo había afirmado en reiteradas ocasiones, la imagen emblemática que hoy conocemos de Ernesto Guevara (1928-1967).

Las fotografias publicadas del acto, fueron las de los intelectuales galos. La difusión y posterior crucifixión iconica en el siglo XX de la fotografía del Guerrillero Heroico, sucede posterior al asesinato del Che en Bolivia, en el 67.

El rostro del guerrillero con boina negra, estrella, escasa barba y de mirada retadora al horizonte se convirtió, desde entonces, en el símbolo de rebeldía por antonomasia, de contracultura, de idealización y de consumo pacifista del marketing en todo el mundo, debido al olfato comercial y visual de los impresores italianos Giangia como Feltrinelli y Valerio Riva.

Aunque Korda haya sido quien inmortalizó a el Che, su crédito de autor no fue reconocido sino años después. Hay obras que superan a sus autores, y la imagen del Guerrillero Heroico es un ejemplo de ello. Tuvimos la ocasión de escucharle decir a Korda, casi como un susurro huidizo, que estaba cansado de tantos viajes, de tantas exposiciones fotográficas, de tantos encuentros con la prensa, de tanto repetir lo mismo, de tanta invasión a su privacidad, de tanto solicitar el respeto de autor.


Sin embargo, él asumía y disfrutaba el reconocimiento con humildad, porque le había llegado tarde.

— Ha dicho que no se considera un técnico, sino que es alguien que le ha puesto corazón a la fotografía. ¿Qué ha querido expresar?

— En el libro “El Prin ito”, del escritor francés Antoine de Saint-Exupery, hay una frase que ha sido el lema de mi vida: “Solo se ve con el corazón, lo esencial es invisible para los ojos”. Creo que cualquier ser humano con sensibilidad, con cualquier cámara, puede hacer una imagen que conmueva a la persona que la ve, que le transmita la sensación que el percibió. Para mi, eso es la letra A de la fotografía.

— ¿Qué fotografía hacía antes de la Revolución y a cuales fotógrafos admiraba?

— Viví durante algunos años de la publicidad. Tenía con Luis Pierce el Estudios Korda. Trabajaba con los pocos modistos de nombre que había en Cuba. Me pagaban por hacerles fotografías a sus creaciones. Yo quería ser, cuando comencé en la moda, como el joven Richard Avendon. Admiraba al francés Henri Cartier-Bresson y, hoy, al brasileño Sebastiao Salgado. Soy considerado el creador de la fotografía de modas en Cuba.
Cuando no era fotógrafo, ni vivía de la fotografía, ni publicaba nada, andaba con una cámara de 35 milímetros Kodak Retina en mi maletín de vendedor, se la habían regalado a mi padre. Yo vendía máquinas de escribir Remington, en pleno capitalismo, y hacia fotografías para mí. Vivía en una sociedad bastante injusta y nuestros lideres políticos eran bandidos, ladrones y asesinos, de todo había en este país. Yo hacia fotografía de las situaciones que me encontraba y me herían, hasta que triunfa la Revolución. Fidel Castro entra en La Habana y nos habla sobre su propósito de los cambios que deben ocurrir en la sociedad. Entonces, decido seguir con mi cámara ese proceso revolucionario.


IV

— ¿Qué significado tuvo para usted el primero de enero del 59?

— Para mí fue una fecha gloriosa. Vi que el asesino (Fulgencio Batista, ndr) había huido, que los rebeldes estaban tomando las ciudades más importantes del país, que iban a entrar en La Habana. Yo no sabia nada de socialismo ni de comunismo, ni me interesan esas palabras. Lo que quería era un cambio en nuestra sociedad, y Fidel nos lo prometió.
Yo tuve la suerte, en el mismo 59, haciendo fotografías de manera voluntaria en la calle y llevándolas al periódico “Revolución”, que era el órgano del Movimiento 26 de Julio, dirigido por Carlos Franqui, un traidor del proceso, que me nombrara fotógrafo acompañante de Fidel Castro en sus viajes.
Así, estuve con él en su primer viaje a Venezuela para entrevistarse con el presidente Rómulo Betancourt. En el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela (UCV) es donde Fidel conoce a Pablo Neruda. Fidel en Nueva York invitado por el American Press Club, a Canadá, a la Unión Soviética, a China y por toda Cuba.
Al parecer, a Fidel le gustaban mis fotografías. Así estuve 10 años detrá de él. Pero, te digo que fue por pura suerte. También tuve la suerte de que Fidel nunca me dijera: “No me hagas esa fotografía”.

— ¿Que le interesaba inmortalizar de Fidel Castro?

— !El Fidel humano!


V

— ¿Se considera fotógrafo de una sola imagen?

— !No!, de muchas. Tengo fotografías consideradas clásicas: La niña de la muñeca de palo, la entrada triunfal de Camilo Cienfuegos y Fidel Castro a La Habana, Camilo desfilando con la Caballería, El Quijote de la farola, Milicianas, Fidel en la Sierra Maestra, Fidel y Hemingway, el Che jugando golf, Fidel y el Che pescando. Pero la más conocida es la del Guerrillero Heroico.

— ¿Extraña el reporterismo gráfico que se hacía en los 60?

— Si hubiera continuado en el periodismo que hacíamos, yo hubiera seguido fotografiando, porque me gustaba crear las ideas. En el periódico “Revolución” la fotografía fue un boom. Tenia el suplemento “Lunes”, en rotograbado, donde todos los fotógrafos competían amistosamente haciendo trabajos tipo “Life”.
Así, hice mis mejores trabajos. Creo que ahí están los aportes a la fotografía cubana de los fotógrafos nacionales y extranjeros como Paolo Gasparini, Luc Chessex, Raúl Corrales, Ernesto Fernández, Mayito, Osvaldo Salas, Jesse Fernández, Liborio Noval, entre otros.
Los 60 fueron los verdaderos anos gloriosos de la fotografia cubana. Después “Revolución” se fusiona con “Hoy”, órgano del Partido Comunista, y surge “Granma”.

— ¿Qué paso, en lo fotográfico, con la aparición de Granma?

— Las fotografías y su calidad cambian en el periódico, desaparece “Lunes”. Para el nuevo director lo importante era el dirigente, el machetero, el cortador de caña, la cosecha de papas, los obreros en la construcción. Los iconos repetitivos del socialismo. El clásico cliché. La creatividad fotográfica se acabo.

— ¿Por que no advirtió sobre lo que estaba pasando?

— Porque en ese momento nadie me hacía caso.

— ¿Está la fotografía cubana actual anquilosada?

— Me he referido a la reporteril. Ahora lo que aparecen en los medios impresos son las fotografías oficiales: Fidel entregando un título, inaugurando algo, recibiendo a personalidades, diciendo un discurso. Esa es la fotografía que se publica. Hoy la fotografía está en manos de los jóvenes y han abandonado la Revolución. No porque estén en contra de ella, sino porque como jóvenes al fin, tienen otros temas en la cabeza. Hay algunos a los cuales admiro.


VI

— Por las fotografías que uno ha visto del Che, se percibe que era un hombre jovial, de trato fácil. ¿Me equivoco?

— El Che era un hombre muy difícil para fotografiarlo. La primera vez que me tocó tenerlo frente a mí él jugaba golf, yo estaba emocionado, aunque me cayó pesado y antipático. Él no me conocía. Yo tenia tres cámaras colgadas al cuello y un maletín lleno de películas y cada vez que el se movía le hacia fotografías. Hasta que se volteó y me dijo: “Para, no me hagas más fotografías, pareces un fotógrafo yanqui. No sabes que la película le cuesta dinero a la Revolución”.
La segunda oportunidad que me asignan fotografiarlo fue cuando estaban a prueba las máquinas de cortar caña de azúcar, ya me conocía. Estando en el campo me preguntó que dónde había nacido. Yo le dije que en La Habana, en la ciudad. Y me volvió a preguntar que si había cortado caña alguna vez. Le dije: “Comandante, no”. Entonces llamó a un escolta y le dijo: “Consíguele un machete al periodista para que contribuya con la zafra del pueblo. Vete a cortar caña mañana y hablamos dentro de una semana”. Así trabajé en el campo y después fue que le hice las fotografías.

— ?El Che era fotógrafo?

— Si, era un cazador de niños en las calles de Ciudad de México. Como estaba pasando trabajo y no había podido revalidar el titulo de médico, les hacía fotografías a los niños en la plazas y parques y, después, se Las vendía a sus familiares. También cubrió los Juegos Panamericanos del 55 en la capital azteca como fotógrafo, para una agencia Argentina.


VII

— ¿Quién es el culpable de su incursión en la fotografía submarina?

— Fidel Castro. A él le habían obsequiado una cámara submarina y para probarla me invitó. Me encantó lo que encontré en el fondo del mar. Tuve 12 años como fotógrafo submarino en la Academia de Ciencias dándole la vuelta a la isla por el mar. Soy el fundador del Departamento de Fotografía Submarina del Instituto de Oceanografía.

— ¿Ha realizado algún proyecto en los últimos años?

— En realidad he hecho muy poco, porque me la paso viajando. En los dos últimos años he realizado dos proyectos: la visita del Papa a Cuba, en la cual fue nombrado fotógrafo oficial, se editó un libro en italiano y español, y el año pasado hice un trabajo sobre el tabaco en la isla.


VIII

— La demanda a la agencia de publicidad que le hace la imagen a Smirnoff, por el uso indebido del Guerrillero Heroico en las botellas de vodka, la ganó el 14 de septiembre de 2000, el mismo día que cumplió 72 años de edad, estaba en Londres. ¿Quedó satisfecho con la decisión? ¿En que invirtió las 50 mil libras?

— Sí, porque quedó desligada la imagen del Che del licor. Él no fue bebedor, pero sí murió defendiendo sus ideales. Llegamos a un acuerdo financiero por los derechos de autor. No recuerdo si fueron dólares o libras esterlinas. El dinero fue donado íntegramente al hospital de niños con cáncer de Cuba.


IX

La miseria, la injusticia social, la moda y la fotografía submarina fueron las antítesis estéticas, técnicas y conceptuales que estuvieron siempre revoloteando en las búsquedas fotográficas de Korda. Él, un soldado de la Revolución Cubana que nunca aceptó vestirse de verde olivo, murió el 25 de mayo de 2001 de un infarto silencioso al corazón en París; se encontraba en uno de sus tantos compromisos fotográficos en compañía de su joven esposa Zaeli Miranda.

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